¡Luces! ¡Cámaras! ¡Pijamas! El teatro improvisado de vida personal y profesional en tiempos de Covid

Open (© Ellen Feldman)

Los delfines se las arreglarían mucho mejor trabajando desde casa que nosotros.

Tienen la capacidad de vivir en dos mundos a la vez: por la noche mantienen un ojo abierto y un lado del cerebro alerta, dejando a la vez el otro ojo cerrado y el otro lado del cerebro dormido.

En cuanto a nosotros, nos pasamos el día intercambiando identidades: entre el yo personal y el yo profesional. Nos pasamos el día alternando no solo entre pantallas, sino también entre nuestras distintas personalidades y mundos, como todos los demás, incluso en nuestra propia casa.

Nueve minutos después de acabar una revisión de tu presupuesto en línea con tu equipo, apagas la cámara y el micrófono para regañar a tu perro y abrazar tiernamente a tu hijo que llora en la habitación de al lado. Al rato, de nuevo, luces, cámara, acción: estás de vuelta a la pantalla, vistiendo la parte superior de tu traje y exhibiendo una sonrisa profesional. Tus hijos te están mirando fingir, tal y como ellos lo hacen, sobre todo en las redes sociales.

Vidas fusionadas y fronteras cruzadas

En las últimas décadas, se han ido difuminado las fronteras entre nuestras vidas profesionales y personales. Correos electrónicos, mensajes Slack y llamadas Skype se han infiltrado en nuestros espacios más íntimos. En nuestra actual economía del conocimiento, se espera que estemos constantemente conectados. Mas aún, COVID-19 ha borrado la frágil separación que quedaba. Nuestras casas se han convertido en oficinas, escuelas, restaurantes, sinagogas y teatros.

Una línea de investigación sugiere que compartimentar y delimitar trabajo y hogar es fundamental para nuestra productividad y salud. Un ejemplo extremo de las consecuencias de no poder hacerlo es el desafío de salud mental al cual se enfrentan los operadores de drones militares, quienes, solo 20 minutos después de haber arrojado bombas sobre terroristas, deben ir a recoger a sus hijos a la escuela.

Incluso si lo más parecido a un conflicto laboral sea pelear por el color de una presentación PowerPoint, la desaparición de los límites entre el trabajo y la vida privada, o lo que Blake Ashforth de la Universidad Estatal de Arizona describe como “actividades que cruzan los límites”, puede generar distracciones, agotamiento e incluso problemas de salud mental. ¿Cómo podemos afrontar este fenómeno y crear entornos de trabajo más saludables?

Opción uno: “Trocear el pudin”

Los gerentes deber ser responsables de coordinar el flujo de trabajo de sus equipos, comunicarse con sus empleados y proporcionarle los recursos necesarios para que puedan establecer límites físicos y temporales entre sus tareas laborales. Interrupciones puntuales en los ritmos de trabajo pueden ser positivas, pero a largo plazo, las empresas deben desarrollar estructuras y rutinas que apoyen a sus empleados.

Aprender a priorizar ayuda a los empleados a no “quemarse” bajo la presión de estar constantemente atentos y tratando de hacer varias cosas al mismo tiempo.

Algunas cosas pueden esperar.

Los líderes tienen la responsabilidad de asegurarse de que sus trabajadores no gastan su energía mental en tareas innecesarias en lugar de utilizar dicha energía en asuntos más importantes o “recargar sus baterías”.

Crear límites físicos

En tiempos normales, cosas simples, como ponerse el traje e ir a trabajar, señalan una transición. Los expertos sugieren crear delimitaciones “físicas” entre nuestras identidades profesionales y personales: vestirse todas las mañanas para trabajar; reemplazar nuestros desplazamientos con ejercicio diario (idealmente al aire libre); crear un espacio de trabajo separado en el hogar o guardar nuestras herramientas de trabajo al final del día.

Respetar límites temporales

Mantener un horario de trabajo regular puede representar un desafío considerable, sobre todo para los trabajadores que están a la vez a cargo de sus familias y de sus tareas laborales.

Por otra parte, nuestros dispositivos móviles se aseguran de que nuestro trabajo nos siga durante las 24 horas del día, los 7 días de la semana, sin que importe cómo y dónde trabajemos.

Sin límites, los trabajadores se sentirán obligados a contestar sistemáticamente a cada correo electrónico en lugar de definir y respetar los horarios laborales. Los gerentes y los empleados deben establecer conjuntamente expectativas que permitan a ambas partes maximizar su productividad, proporcionando a la vez una vida fuera del trabajo y determinando su disponibilidad horaria. Limitar la duración de las videollamadas (“30 son los nuevos 60 [minutos]”) es fundamental para reducir el exceso de fatiga mental. Un estrés excesivo puede incluso surgir tras más de dos horas en línea.

Opción 2: “Acelerar la licuadora”

También podemos aprender a funcionar mejor mezclando nuestra jornada laboral, reestructurando nuestro trabajo, mejorando nuestra comunicación, y conciliando nuestros entornos profesional y personal. El fomento de una mayor diversidad, inclusión y pertenencia, así como el trabajo remoto nos permiten compartir más fácilmente con nuestros colegas de trabajo.

Nuestra cultura laboral se ha relajado.

También nos pasamos el día pretendiendo ser varias personas diferentes, tanto en el hogar como en el trabajo. Sin embargo, fingir ser alguien que no somos puede ser una fuente significativa de estrés y disonancia cognitiva en el contexto profesional, especialmente para las minorías étnicas. Dos tercios de entre nosotros oculta su verdadera identidad en el trabajo, lo que a menudo origina una degradación de nuestra salud tanto física como mental.

En nuestro “escenario mezclado”, no intentamos exhibir diferentes personalidades. No usamos tanto maquillaje y nos ponemos verdaderamente manos a la obra. Presentamos a nuestros colegas de trabajo nuestras parejas, plantas, hobbies, hijos y mascotas. No hay necesidad de perder el tiempo pretendiendo estar ocupado; podemos enfocarnos en nuestras tareas esenciales durante nuestros horarios más productivos a lo largo del día. Podemos tener reuniones de negocios mientras paseamos para incentivar nuestra creatividad.

Por último, verificamos con más frecuencia cómo nos encontramos y como están nuestros compañeros de trabajo, identificando a la vez los desafíos que nos impiden tener una vida productiva y mezclada. Hoy no es el momento de intentar ser un superhéroe. Cuando nuestras expresiones no verbales se limitan a pequeñas pantallas, es más difícil para nuestros compañeros de trabajo saber cómo nos sentimos. Es difícil ayudar si no decimos cómo, la mayoría de nosotros no lo hacemos.

El momento presente nos permite ser compañeros de trabajo más abiertos e inclusivos, fusionando lo personal y lo profesional en algo más íntimo y cohesivo. Las empresas y los empleados pueden convertir esta nueva realidad en una fortaleza, una poderosa combinación de trabajo y hogar, y hacer surgir nuevas fuentes de creación de valor mientras reducimos los costos personales.

Al fin y al cabo, y al igual que los delfines, tal vez podamos aprender a estar realmente presentes en dos mundos, o llevar puesta la parte superior de nuestro pijama para hacer llamadas de zoom.

Passionate about encouraging human sustainability and equal access at work. Collector and connector of people and ideas.

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